Con la venia de las administraciones públicas, el maltrato y la crueldad con los animales sigue siendo una constante en nuestro país y en otras partes del mundo, un hecho inaceptable sobre todo cuando se produce con ayudas directas o indirectas que, concedidas por los gobiernos, tienen su origen en los impuestos recaudados a sus ciudadanas y ciudadanos.
En España tenemos ejemplos claros con las corridas de toros y las numerosas fiestas populares que se llevan a cabo empleando animales. Tan vergonzosa situación tiene por lo general un fondo de intereses económicos, que en ocasiones se pretende enmascarar con pretendidos alegatos culturales y con la tradición. En otros casos, la defensa de estos intereses se envuelve con otras motivaciones, desde la gastronomía (foie-gras), la ciencia y la investigación, la moda, la producción de afrodisíacos y amuletos o, simplemente, la obtención de productos derivados.